Postergar las recompensas: una motivación directamente relacionada con nuestro bienestar financiero.

 

Una de las razones por las cuales las personas no logran asumir el control de su dinero, y hacerse responsables de su futuro financiero, es que dirigen su vida basándose en satisfacciones inmediatas. Piensan en obtener todo ya, en el corto plazo, sin importar las consecuencias que esto pueda traer en el futuro.

Frases hechas como: “yo trabajo duro y me merezco estas vacaciones” “es el colmo que, con todo lo que me esfuerzo en el trabajo, no me merezca cambiar mi carro” “tanto trabajar para no vestirme con la ropa de marca que me gusta” entre otras, se convierten prácticamente en mantras. Los mejores aliados para obtener lo que quieren, no son ni el presupuesto, ni la planeación financiera, sino ¡sus tarjetas de crédito! Ellas sumadas a todo lo que les permita conseguir las cosas en un abrir y cerrar de ojos.

Esos gustos que les dan una alegría momentánea, que los hacen sentir orgullosos de sí mismos y que consideran una buena elección, son las cosas que, en el mediano y largo plazo, los harán sentir agobiados e intranquilos, aunado a que aquellos medios o instrumentos que consideraron sus aliados para comprar ya, se convertirán en sus verdugos.

Pero ¿cuál es la razón por la que nos cuesta tanto, auto controlarnos, planear, hacer pequeños sacrificios y postergar nuestras recompensas?

Desde que somos niños vimos como nuestros deseos y caprichos se hacían realidad con una sola frase: “¡quiero ya!” Si no lo conseguimos a la buenas, armábamos uno que otro berrinche que conmoviera o desesperara a nuestros padres y, después de unos minutos, ¡bingo!  Lo que queríamos ya era nuestro.

Ahora, también es posible que, para muchos, la respuesta de los adultos, ante su petición de algún capricho, haya sido la contraria, incluso con pataleta incluida, hayan escuchado un rotundo “NO hay dinero”, sin una explicación que realmente nos convenciera y seguido de la frase “¡se porta bien, o nos vamos ya para la casa!”

Ya sea porque lográbamos obtener de inmediato lo que queríamos, o porque nunca lo obtuvimos y no entendimos la razón, esta información se fue quedando grabada en nuestra mente desde que éramos pequeños y formó nuestro programa o modo de ser en relación con el dinero. Son nuestros pensamientos, sentimientos y acciones en relación con el dinero los que componen nuestro patrón financiero.

Si de niños todo lo conseguimos de manera inmediata y sin ningún esfuerzo, nuestro patrón del dinero hizo que, de adultos, sigamos comportándonos como niños y que no escatimemos formas de obtener lo que queremos sin tener que esperar o aplazar, ya que así está programada nuestra mente.

Por otra parte, si generalmente obtuvimos un NO como respuesta, es posible que, al odiar estos hábitos de nuestros padres, inconscientemente hayamos decidido revelarnos contra su forma de ser, lo que hizo que en la adultez nos volviéramos todo lo contrario, es decir, nuestro patrón del dinero, quedó programado para obtener lo que queremos de forma inmediata, sin pensar en las consecuencias.

Si deseamos asumir el control de nuestro dinero y hacernos responsables de nuestro futuro financiero, debemos entender que aprender a postergar las recompensas hace parte del proceso y para ello es necesario conocer nuestro patrón financiero e identificar y cambiar nuestros pensamientos, sentimientos y acciones erradas con relación al dinero.

La elección es nuestra. Vivir eligiendo el ahora comprando cosas para obtener una satisfacción inmediata y poco duradera, o elegir ser equilibrados, postergar recompensas, planear y obtener lo que queremos obteniendo una satisfacción perdurable en el tiempo.

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